Seminario “Marxismo y Feminismo”. Ensayos.

Publicado: 04/09/2013 en Uncategorized

Publicamos a continuación una selección de ensayos elaborados por estudiantes de distintas carreras en el Seminario “Marxismo y Feminismo”, coordinado los días 24, 25 y 26 de junio por Andrea D`Atri en la FCPyS de la UNCuyo y organizado por la Coordinación de Sociología.  Andrea D`Atri es fundadora de la agrupación Pan y Rosas y candidata a Diputada del FIT por la CABA. Es psicóloga de la UBA y especialista en estudios de género.

Publicamos el link de dos artículos de la misma autora escritos con Laura Liff y aparecidos en la revista Ideas de

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Izquierda, que permiten retomar el contenido del seminario y se interrogan sobre la emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial:

La emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial:

http://ideasdeizquierda.org/la-emancipacion-de-las-mujeres-en-tiempos-de-crisis-mundial/

La emancipación de las mujeres en tiempos de crisis mundial (II):

http://ideasdeizquierda.org/la-emancipacion-de-las-mujeres-en-tiempos-de-crisis-mundial-ii/

Monogamia y Propiedad privada: el nicho de la explotación patriarcal-capitalista.

Serú, Paulina

A partir de las lecturas del seminario, los temas desarrollados en las clases y la lectura de los capítulos II y IX del libro “El Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado” de Engels, me propongo pensar en términos generales la formación histórica del sistema capitalista patriarcal, para abordar específicamente  la relación que se establece entre dos instituciones, la monogamia y la propiedad privada capitalista. Me pregunto cómo es que ambas instituciones estructuran los roles de género, y qué relación existe entre ellas y la matriz “posesión/explotación” que dicta qué espacio le toca a cada género en las relaciones de dominación.

División del trabajo

Engels parte de una división sexual primaria del trabajo[1], dando por sentado para todas las sociedades, la división de roles de género respecto al trabajo doméstico –la mujer que cuida la casa, prepara la comida, hace vestidos, guisa, hila, cose- y el trabajo público –el hombre que va a la guerra, se dedica a la caza, pesca, procura las materias primas para el alimento y produce objetos necesarios para dicho propósito. Esta división supone ser igualitaria y espontánea, donde la economía doméstica es comunista, lo que se hace para la reproducción se hace en común, se utiliza en común y es de propiedad común.  Hombre y mujeres son amos y dueños, cada uno en su espacio, de los instrumentos que elabora y usa en sus tareas, las cuales tienen el mismo valor para la reproducción social.

Con la domesticación de los animales, se produce una primera división del trabajo. Donde las tribus de pastores se destacan del resto de la masa de los bárbaros, tras obtener una mayor cantidad de materias primas y víveres, que les permitió realizar un intercambio regular de productos.  Al principio, dice Engels, el cambio se hizo de tribu a tribu, por mediación de los jefes de las gens, y luego los intercambios se produjeron individuo a individuo a través del ganado como mercancía que valoraba a todas las demás.

Luego surge la agricultura, donde la tierra cultivada es propiedad de la tribu, cuyo usufructo primero es entregado a la gens, después a las comunidades de familias, y por último, a los individuos. Aparecen en este momento ciertos derechos de posesión.

A consecuencia del desarrollo de la ganadería, la agricultura y los oficios manuales domésticos, la fuerza del hombre se hizo capaz de crear más productos que los necesarios para su sostenimiento. Impulsada por este desarrollo de la productividad,  creció la necesidad de aumentar la fuerza de trabajo exigida a cada miembro de la gens, y es a través de la guerra que se logró conseguir dicho aumento, esclavizando a las/los vencidos. Esta, considera Engels, es la primera gran escisión de la sociedad en dos clases: señores y esclavos, explotadores y explotados.

Con el aumento conjunto de la productividad y las riquezas, se produce una gran revolución en la familia. Aquella originaria división sexual del trabajo, en este nuevo contexto, sirve de anclaje para una nueva y opresora división de roles entre los géneros. La industria había sido históricamente asunto del hombre, así como el rebaño, la agricultura y la guerra como industria, recientemente desarrollados; a partir de ellos el hombre poseía en sus manos los medios de producción y las riquezas, por medio de las cuales podía comprar mercancías y esclavos. Por su parte, el trabajo doméstico de la mujer, perdió progresivamente su importancia comparado con el trabajo productivo del hombre. La mujer recluida de esta manera a las tareas del hogar, en el contexto de la nueva sociedad, se vio separada de la posibilidad de poseer y acumular riqueza, y por lo tanto, dependió económicamente de un hombre.

La caída del derecho materno[2], la introducción del derecho paterno, y el paso del matrimonio sindiásmico[3] a la monogamia[4], son nudos en la consolidación histórica de la supremacía del hombre, proceso que se acompañó de otro, en el cual la familia particular llegó a ser potencia y se alzó amenazadora frente a la gens.

Aquí Engels da cuenta de una relación entre desarrollo industrial y la propiedad privada, donde el hierro vino a posibilitar un aumento de la productividad en la agricultura y los oficios manuales, permitiendo un rápido aumento de la riqueza, que se acumuló bajo la forma de riqueza individual. Los trabajos se especializaron como oficios, y se separaron de la agricultura, destinando su producción directa para el cambio. Nace así la producción mercantil, y con ella el comercio y los metales preciosos utilizados como moneda dominante y universal. Aquel individuo que lograba, dependiendo de la cantidad de tierra y esclavos que poseía, aumentar su productividad, vendía mayor cantidad de mercancías y obtenía mayor cantidad de dinero-metal. Esta nueva división del trabajo escinde la sociedad entre ricos y pobres.

Paralelamente, el suelo cultivable se distribuyó entre las familias en la forma de propiedad privada. La familia individual empezó a convertirse en la unidad económica de la sociedad.

La Familia Monogámica y espacio domestico

Hacia el interior de este nuevo núcleo de la sociedad capitalista, que está dirigido bajo el afán de asegurar y explotar riquezas, la monogamia va a ser una forma de estructurar los roles de género, y asegurar los lugares de poder ocupados por los mismos en la sociedad, que está teñida toda por esta misma lógica de poseer, asegurar y explotar al otro.

Esta forma de familia basada en condiciones económicas –y no condiciones naturales dice Engels-, es la expresión del triunfo de la propiedad privada sobre la propiedad común primitiva; inaugura juntamente con la esclavitud y las riquezas privadas una época donde el desarrollo y bienestar de Unos, se produce a expensas del dolor y la represión de Otros. Nuevos regímenes de posesión/explotación van a dar lugar a nuevas objetivaciones de los/las sujetos.

La lógica de posesión-explotación del proletariado en el sistema capitalista, va a ser reproducida a nivel micro social en la familia monogámica, donde se asegurará que la mujer cumpla con dos funciones sociales: la reproducción capitalista mediante el trabajo doméstico; el aseguramiento de un heredero varón para la acumulación de riquezas (o para reponer al obrero en caso del proletariado) presentándose como objeto sexual.

Este proceso se expresa por un lado, en el desarrollo del heterismo, la prostitución[5], donde tras el surgimiento de la propiedad privada –y la constitución de familias particulares- aparece el trabajador asalariado junto al trabajo de los esclavos; al mismo tiempo, aparece la prostitución profesional de las mujeres “libres” junto a la entrega forzada de las esclavas. Por otro lado el trabajo doméstico se convierte en servicio privado y la mujer en “criada-esclava principal”, cuyas pretensiones de incorporarse al trabajo productivo-público serán coartadas por la obligación de cumplir con su rol.

Flora Tristán advierte con claridad esta situación y la trasforma en uno de los ejes de su lucha; la lucha contra el matrimonio arreglado y por la conquista del derecho al divorcio significan la lucha contra esta “esclavitud” de la mujer.  En las palabras a su hija “te juro que lucharé por ti, que te haré un mundo mejor. Tú no serás ni esclava ni paria”, muestra las únicas dos posibilidades de vida que se abren a las mujeres en una sociedad patriarcal y capitalista.

“El hombre más oprimido puede oprimir a otro ser, que es su mujer. La mujer es la proletaria del proletario.”  De esta manera las mujeres constituirán las proletarias del hombre, en tanto objeto de trabajo doméstico, objeto sexual, y objeto para asegurar las riquezas[6].

Estas múltiples opresiones, constituyen la matriz de las relaciones de género en la consolidación del capitalismo-patriarcal; proceso acompañado por la complicidad machista social, estatal y clerical que permitió a los hombres el uso y abuso de su poder. [7] Las más oprimidas serán aquellas que a su condición de mujer suman su condición de clase. Las mujeres proletarias serán doblemente explotadas, en sus trabajos como trabajadoras y en sus casas como esposas-madres.

¿Cómo romper entonces con la desigualdad de género y clase? Engels plantea que es necesaria la incorporación de las mujeres a la industria social, al trabajo productivo, ya que la “libertad” de los sujetos para decidir sobre sus cuerpos, depende de la libertad económica que tengan; es decir, la contradicción entre los sexos está directamente ligada con el modo de producción capitalista que otorga a ciertos hombres el poder económico. Por lo tanto, su resolución tiene que ver con la transformación de la propiedad privada mediante la revolución proletaria, en propiedad comunitaria de los medios de producción, -que hará de la economía doméstica un asunto social- y permitirá el desarrollo de relaciones sexuales más libres, como así, la disolución de la monogamia y la prostitución.

En esta misma línea, en el contexto de haberse iniciado la revolución socialista en Rusia, Lenin advierte que la eliminación de la propiedad privada es el primer paso, pero no alcanza. Conjuntamente con una serie de leyes que buscan facilitar a la mujer su liberación de los roles impuestos a la mujer en el matrimonio y el hogar; propone que  “para lograr la total emancipación de la mujer y su igualdad real y efectiva con el hombre, es necesario que la economía nacional sea socializada y que la mujer participe en el trabajo general de producción. Entonces sí la mujer ocupará el mismo lugar que el hombre.”

El amor sexual individual

Antes de la Edad Media no puede hablarse de que existiese amor sexual individual. En toda la antigüedad son los padres quienes conciertan las bodas en vez de los interesados; y éstos se conforman tranquilamente. El amor, en el sentido moderno de la palabra, no se presenta en la antigüedad sino fuera de la sociedad oficial. Si había allí relaciones amorosas entre ciudadanos y ciudadanas libres, todas ellas eran mero adulterio.

Para el caballero o el barón, como para el mismo príncipe, el matrimonio es un acto político, una cuestión de aumento de poder mediante nuevas alianzas. Cuando la propiedad individual se sobrepuso a la propiedad colectiva, cuando los intereses de la transmisión hereditaria hicieron nacer la preponderancia del derecho paterno y de la monogamia, el matrimonio comenzó a depender por entero de consideraciones económicas.

Al transformar todas las cosas en mercancías, la producción capitalista destruyó todas las relaciones tradicionales del pasado y reemplazó las costumbres heredadas y los derechos históricos por la compraventa, por el “libre” contrato. Pero para contratar se necesita gentes que puedan disponer libremente de su persona, de sus acciones y de sus bienes y que gocen de los mismos derechos. Crear esas personas “libres” e “iguales” fue precisamente una de las principales tareas de la producción capitalista.

El matrimonio libre solo sería posible en un contexto donde la producción capitalista y las condiciones de propiedad creadas por ella fuesen suprimidas, y sean apartadas de esta manera  las coerciones económicas que ejercen tan poderosa influencia sobre la elección de los esposos.

¿Qué sobrevendrá? Engels arriesga : “Eso se verá cuando haya crecido una nueva generación: una generación de hombres que nunca se hayan encontrado en el caso de comprar a costa de dinero, ni con ayuda de ninguna otra fuerza social, el abandono de una mujer; y una generación de mujeres que nunca se hayan visto en el caso de entregarse a un hombre en virtud de otras consideraciones que las de un amor real, ni de rehusar entregarse a su amante por miedo a las consideraciones económicas que ello pueda traerles. Y cuando esas generaciones aparezcan, enviarán al cuerno todo lo que nosotros pensamos que deberían hacer. Se dictarán a sí mismas su propia conducta, y, en consonancia, crearán una opinión pública para juzgar la conducta de cada uno. ¡Y todo quedará hecho! Si en un porvenir lejano, la familia monogámica no llegase a satisfacer las exigencias de la sociedad, es imposible predecir de qué naturaleza sería la que le sucediese.” [8]

La lógica de la posesión/explotación, relaciones entre propiedad privada y propiedad sobre las mujeres.

El hilo a través del cual el capitalismo y el patriarcado se unen, tiene que ver con un proceso de acumulación de riquezas en manos de “hombres” (y en ciertos hombres –los capitalistas-  aún más); esta acumulación es, siempre, la obtención de beneficios a costa del sufrimiento de otro/a; y es a su vez, la condensación del poder social de los hombres, en tanto dueños de las parcelas de tierras, de los medios de explotación de la naturaleza, de los productos de su actividad, y de las mercancías que obtiene a través del intercambio de las mismas.
La propiedad es entonces el símbolo de la riqueza de los hombres, del poderío político, económico, sexual. Ya sea referido a tierras, esclavos, metales preciosos, desarrollo tecnológico para una mayor explotación de la naturaleza, asalariados, empresas, ejércitos, mujeres e hijos. La construcción del hombre moderno en tanto género, implicará la alienación respecto a los otros/otras, en tanto ser genérico; a su vez implicará una alienación con respecto a la naturaleza –bienes comunes-, con respecto a su trabajo, y respecto al producto de su trabajo.
La propiedad sobre “cosas”, es la forma en que se configuran las relaciones sociales bajo el capitalismo-patriarcal, y son las mujeres en tanto género, quienes son convertidas en objetos que pueden ser comprados, vendidos, esclavizados, abusados, violados, asesinados, explotados. El mismo proceso que posibilita a los ciertos hombres la acumulación de las riquezas y poder, es el que impide a las mujeres empoderarse social y económicamente, que les impide el derecho a decidir sobre sus cuerpos y placeres. Ya sea como madre, ya sea como prostituta, o como trabajadora doméstica, las mujeres serán definidas por y para los intereses del hombre.
¿Qué tiene que ver la monogamia en todo esto? Reflexionando a partir de lo leído considero que como institución heterosexual, de dominio del hombre sobre la mujer, y por lo tanto, de relaciones desiguales, la monogamia es el medio a través del cual los hombres aseguran legítimamente el uso y abuso de las mujeres. La monogamia no es sólo el matrimonio para toda la vida, no es sólo el núcleo de la familia burguesa –blanca, católica y heterosexual-, no es sólo la sumisión de la mujer en los tres roles anteriormente mencionados; la monogamia es el correlato de la propiedad privada, del cálculo, del lucro, del beneficio que Uno puede sacar de una relación –emocional, sexual, como sea- del otro. Es el amor romántico o individual, la dependencia emocional de los enamorados–y su aliada, la hipocresía cínica del prostituyente-, los celos –que llevan hasta al femicidio-, la heterosexualidad obligatoria, la adaptación a mandatos de género para cumplir mejor y en menos tiempo el trabajo monogámico –productivo y reproductivo de este sistema-.
Como dice el colectivo CrimethInc, “Crecer en un ambiente dominado por la economía capitalista nos enseña ciertas lecciones psicológicas difíciles de olvidar: Cualquier cosa de valor sólo está disponible en dosis limitadas. Exige lo que es tuyo, antes de que te dejen sola y sin nada. Aprendemos a medir compromiso y afecto en términos de cuánto es que los otros están dispuestos a sacrificar por nosotros, sin imaginar que el amor y el placer pueden multiplicarse cuando son compartidos. En una relación saludable, amigos y amantes se permiten mutuamente hacer, vivir y sentir más. Si sientes en tus entrañas (si no es en tu cabeza) que monogamia significa renunciar a algo (tu “libertad”, como se dice), entonces los modelos de explotación han penetrado incluso hasta en tu vida romántica.”
“…Cuando tienes que trabajar en la monogamia, estás de vuelta en el sistema de intercambio: la economía de tu intimidad está regimentada del mismo modo que la economía capitalista, por escasez, amenazas y prohibiciones programadas…Cuando las relaciones se convierten en trabajo, cuando el deseo está organizado contractualmente, cuando las cuentas son mantenidas y la fidelidad es sustraída –como la mano de obra a los empleados– en un matrimonio que es como una fábrica doméstica vigilada en medio de una rígida disciplina de personal y diseñada para mantener a esposas y maridos encadenados a la maquinaria de la reproducción responsables…”.

Es necesario retomar con fuerza la crítica a la monogamia, como parte de una profunda crítica a la lógica posesión/explotación capitalista, aplicada tanto entre nos-otrxs como ser genérico, tanto a la naturaleza en la explotación y saqueo de los bienes comunes, tanto a nuestro trabajo y el producto de nuestro trabajo como alienación de nuestra actividad vital. A su vez resulta muy importante retomar la crítica antipatriarcal, debido a la plena vigencia del modelo de familia monogámica, y los respectivos mandatos y roles de género que ella implica. Una crítica que logre desnaturalizar la forma en la que concebimos y nos relacionamos con los/las otras, que devele cuan enraizada se encuentra la lógica de la propiedad privada en nuestras vidas; que rechace, retomando las palabras de Flora Tristán,  que “las promesas del corazón… sean asimiladas a los contratos que tienen por objeto la propiedad.”

Levantarnos contra las relaciones capitalistas implicará necesariamente luchar contra la familia nuclear que hace de la mujer el último eslabón de la cadena de explotación, que hace de su cuerpo “El objeto” por naturaleza disponible, apropiable, (re)productivo, enajenable y explotable.

De nada nos valdrá luchar por la liberación femenina sin tocar la propiedad privada, pues los mandatos del patriarcado en el capitalismo recaerán sobre las espaldas de aquellas que por su posición de clase están destinadas a ser explotadas como proletarias. De nada nos valdrá en la lucha por una sociedad libre abolir únicamente la propiedad de los medios de producción; las lógicas de posesión/explotación seguirán intactas si seguimos confundiendo “amor” con “propiedad”, si no logramos desmantelar su más firme nicho: la monogamia obligatoria.


[1]  Mirar, hoy, este proceso histórico exige una crítica a la formación de un estereotipo etnológico – occidental y absoluto- del origen de las sociedades, donde existen hombres y mujeres en el sentido dicotómico, y donde sus trabajos estarían divididos por una razón desconocida. Si bien el libro de Engels no toma este hecho como natural, sino como parte de un proceso histórico, la mirada limitada –relacionada al contexto histórico en que escribe, y su propia subjetividad- va a generar una tradición heteronormativa de la sexualidad.

[2] «El hogar comunista significa predominio de la mujer en la casa, lo mismo que el reconocimiento exclusivo de una madre propia, en la imposibilidad de conocer con certidumbre al verdadero padre, significa profunda estimación de las mujeres, es decir, de las madres. Una de las ideas más absurdas que nos ha transmitido la filosofía del siglo XVIII es la opinión de que en el origen de la sociedad la mujer fue la esclava del hombre. Entre todos los salvajes y en todas las tribus que se encuentran en los estadios inferior, medio y, en parte, hasta superior de la barbarie, la mujer no sólo es libre, sino que está muy considerada» … «El derrocamiento del derecho materno fue la gran derrota histórica del sexo femenino en todo el mundo. El hombre empuñó también las riendas en la casa; la mujer se vio degradada, convertida en la servidora, en la esclava de la lujuria del hombre, en un simple instrumento de reproducción.» ENGELS. Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado. Capítulo 2: La familia.

[3] «En esta etapa un hombre vive con una mujer, pero de tal suerte que la poligamia y la infidelidad ocasional siguen siendo un derecho para los hombres, aunque por causas económicas la poligamia se observa raramente; al mismo tiempo, se exige la más estricta fidelidad a las mujeres mientras dure la vida común, y su adulterio se castiga cruelmente. Sin embargo, el vínculo conyugal se disuelve con facilidad por una y otra parte, y después, como antes, los hijos sólo pertenecen a la madre.» ENGELS. Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado. Capítulo 2: La familia.

[4] «Para asegurar la fidelidad de la mujer y, por consiguiente, la paternidad de los hijos, aquélla es entregada sin reservas al poder del hombre.» (…) «Se funda en el predominio del hombre; su fin expreso es el de procrear hijos cuya paternidad sea indiscutible.”  ENGELS. Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado. Capítulo 2: La familia.

[5] “Morgan entiende por heterismo el comercio extraconyugal, existente junto a la monogamia, de los hombres con mujeres no casadas, comercio carnal que, como se sabe, florece junto a las formas más diversas durante todo el período de la civilización y se transforma cada vez más en descarada prostitución.” ENGELS. Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado. Capítulo 9: Barbarie o Civilización.

[6] “Este matrimonio de conveniencia se convierte a menudo en la más vil de las prostituciones, a veces por ambas partes, pero mucho más habitualmente en la mujer; ésta sólo se diferencia de la cortesana ordinaria en que no alquila su cuerpo a ratos como una asalariada, sino que lo vende de una vez para siempre, como una esclava” ENGELS. Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado. Capítulo 2: La familia.

[7] “La presencia de jóvenes y bellas cautivas que pertenecen en cuerpo y alma al hombre, es lo que imprime desde su origen un carácter específico a la monogamia, que sólo es monogamia para la mujer, y no para el hombre. En la actualidad, conserva todavía este carácter.” ENGELS. Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado. Capítulo 2: La familia.

[8] ENGELS. Origen de la Familia, la propiedad privada y el Estado. Capítulo 2: La familia.

Las mujeres y la revolución socialista

Gabriela Santana

Frente a la compleja y antiquísima condición de sumisión de las mujeres en el ámbitosocial, la revolución bolchevique de 1917, se postula como la gran proveedora de derechos antes negados a las mujeres.
La revolución, en esta instancia se plantea como la única salida de la opresión
femenina y la explotación en general. Debido a que mientras siga en pie la
propiedad privada, y el predominio capitalista, la mujer continuara en la misma
posición de sumisión, mientras que el género opuesto continuara ostentando sus privilegios.
Este proceso comienza con el derrocamiento del dominio zarista, y la toma del poder por parte de los soviets.
El poder soviético implanta en el seno de la sociedad un considerable número de
legislaciones en beneficio de las mujeres de la época; Respondiendo a derechos
negados, que con anterioridad habían sido planteados por algunas feministas
burguesas, pero que finalmente pudieron concretarse con la revolución de octubre.
Tales legislaciones fueron: El derecho al voto y la posibilidad de ser electas
(otorgado por la revolución de febrero de 1917). Con la revolución de octubre se
concretan: la libre elección de la profesión, la igualdad de salarios con respecto al de los hombres; Se plantea también el acceso a empleos del estado; La no obligación de seguir a sus maridos, el matrimonio civil ( esta legislación pretendía quitar el poder ilegitimo a la iglesia); El divorcio, cuyo objetivo fundamental era el de derribar con este patrón, en el cual la mujer es subsumida ante la figura de su marido, es decir, esta ya no es un objeto de su propiedad. Otro gran logro es el del derecho al aborto libre y gratuito, garantizando de esta manera que ninguna mujer sea considerada un objeto sobre el cual el sexo dominante pueda disponer; De esta manera las mujeres se transforman en protagonistas y autoridades de su propio cuerpo.
Pero los soviets eran conscientes de mas allá de los derechos que fueron otorgados ante la ley, no garantizaba de manera alguna la igualdad en la vida misma; Sino que para ellos era necesario la instauración de cambios profundos y complejos en el sistema cultural.
Otros logros históricos son sin duda la incorporación de las mujeres al trabajo
asalariado; La socialización del trabajo doméstico, entendiendo que el trabajo
doméstico no es una tarea que le sea propia a un género en particular, sino que
debe ser compartido. También la extinción de la familia (esta entendida como una formación forzosa o coercitiva).
Sin duda podemos aseverar que los mayores logros en materia de derechos
obtenidos como género, fueron obtenidos durante la revolución socialista; Aunque también sabemos que los derechos ganados no son irrevocables; Por este motivo es que la lucha de las mujeres para conservar los derechos obtenidos, y lograr los muchos que aún no poseemos no debe cesar. Somos un genero fuerte que todo lo ha resistido, sin duda podremos lograrlo.

Andy

Seminario “Feminismo y marxismo. Diálogos y controversias”

Chacón, Ailén Suyai

Laso, Sofía

Hemos pensado que sería interesante enmarcado en el tema de “Las mujeres en la revolución” hacer un ensayo sobre aquellas que demostraron a la población española (y al resto del mundo a través de las brigadas internacionales) el coraje, la resistencia, la inteligencia y sobre todo la lucha en la época de la guerra civil española, donde el fascismo se impuso, y derrotó finalmente a la clase obrera insurrecta. En este marco, donde la revolución española puso en cuestión el lugar de las mujeres en las milicias, nos pareció importante también, rescatar la historia de Mika, miliciana de origen argentino, que luchó desde los 14 años, de forma inclaudicable por el triunfo y la emancipación de los trabajadores españoles de la opresión capitalista.

Al igual que explica el artículo de Andrea D’Atri “Pan y Rosas” en su apartado “Revueltas femeninas y derechos civiles” las mujeres si bien invisibles a los relatos escolares de la historia, tuvieron un papel preponderante en la defensa de la ideología obrera. Este rol no podría ser entendido sin conocer el contexto de la II República española, de carácter burgués, que asume en 1931, un año después de la caída del dictador Primo de Rivera.

Influenciadas por los movimientos feministas de principios del siglo XX, las mujeres españolas de la República comenzaban a identificarse a sí mismas como un grupo social que demandaba sus derechos en igualdad frente a los hombres y a partir de la década de 1920 comenzó en España la organización de un movimiento feminista organizado. Sus demandas (reforma educativa, condiciones laborales, equiparación de salario, derogación de leyes consideradas discriminatorias, derecho al voto, etc) fueron progresivamente aceptadas por el gobierno de la República Española considerándolas de derecho y se facilitó el ascenso de mujeres a cargos políticos. Pero la lucha de las feministas “sufragistas” está truncada, sino pueden comprender la necesidad de una revolución social, para la verdadera liberación. Porque como sabemos “la igualdad ante la ley, no es igualdad ante la vida”.

Tras el estallido de la revolución española las mujeres tuvieron un papel trivial para el desarrollo de la misma, por ejemplo, las imágenes de las milicianas eran símbolos de coraje y fomentaban la movilización de las armadas rojas. Su papel esencial se limitó muchas veces a mensajeras, enfermeras, docentes, protectoras de las cuadrillas escondidas. Sobre todo casi al final, cuando la Internacional Comunista, liderada por Stalin, desarmó las milicias obreras y populares, y condicionó a las milicianas a la retaguardia. No obstante, también como estrategas y al frente. Como es el caso de Mika Etchebehere, que llegó a comandar un batallón de milicianos ligados al Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).

Mika Etchebehere nace en Argentina, Santa Fe, hija de judíos rusos, de quiénes se salpica de los relatos de los revolucionarios en Rusia. Y casi una niña, se incorpora a un grupo anarquista del Colegio Nacional de Rosario. Años más tarde, forma parte de la agrupación Luisa Michel. Y en 1920, ya en odontología de la UBA es parte del ala más de izquierda de la Reforma Universitaria. Adhiere al grupo Insurrexit, y milita en perspectiva por la unidad obrero-estudiantil, en el cual, conoce a
su compañero Hipólito. Más tarde y, ya viviendo los dos en la Patagonia, debido a la tuberculosis de Hipólito, serán enardecidos por la idea de la lucha de clases, y empujados al continente Europeo. Primero en Francia, luego en Alemania en 1932 con la derrota de la clase obrera por el PC, vuelven a Francia. Llegan a Madrid un año antes, del triunfo electoral del Frente Popular, conformado por burgueses republicanos, el PC , PSOE, Y EL POUM.

En 1936, el POUM pone al mando de una columna, a Hipólito, pero empeora y muere al tiempo. Mika continua su lucha revolucionaria, y pasa a reemplazar de su compañero. Con ella a la cabeza, como capitana, y combatiendo el machismo de sus propios compañeros milicianos, muchas mujeres se incorporan a su pelotón para luchar por la revolución. Combate hasta la caída de Madrid. Fue arrestada con el triunfo del fascismo, pero logra gracias a la solidaridad de sus amigos quedar libre y escapar a Paris. Colaboró de grande, durante la efervescencia del Mayo Francés y participó de una marcha contra la dictadura militar en argentina, que se realizó en Paris en 1978. Allí donde el 7 de julio de 1992 fallece.

“¿Y yo, soy yo verdaderamente de mis ideas? Esta guerra y esta revolución son las mías. He
soñado con ellas desde la infancia oyendo los relatos de los revolucionarios rusos evadidos de las prisiones y la Siberia
zaristas. Para servirla Hipólito y yo hemos rechazado los grandes lagos de la Patagonia, cortado el vuelo de nuestro
amor, aceptado la sangre que había que derramar, la nuestra y la de los otros…”

 

“Reflexiones en torno a la internalización, resistencia y reversión de prácticas y posiciones misóginas desde la perspectiva del opresor en una sociedad patriarcal”.

Sebastián P. Giannotti

Desde el momento en que nuestros sentidos comienzan a funcionar al arribar al mundo, nuestro ser se nutre de formas específicas de relaciones socio-afectivas que son naturalizadas. La familia[1] es el primer espacio donde el ser humano experimenta éste fenómeno y, por ende, representa la etapa fundamental en la configuración del ser social normalizado, con una estructura mental que configura una cosmovisión compleja cristalizada en las formas de pensar y actuar en todo momento y dimensión de su vida.
Esta premisa es el catalizador del objeto del presente ensayo: reflexionar cómo se internaliza las prácticas y posiciones de una sociedad patriarcal en un “opresor”, es decir, el varón y cómo éste debe resistir y revertir tal fenómeno. La reflexión se enmarcará desde la experiencia personal y con las herramientas conceptuales del posmodernismo feminista (Butler, 2007) como base crítica de las limitaciones del movimiento feminista en la incorporación efectiva del varón[2].
La naturalización de pequeñas pero significativas enseñanzas, representaciones simbólicas y hábitos desde la familia configura una persona específica que se refleja en múltiples acontecimientos de nuestras vidas: en los juguetes regalados durante los primeros años de vida (al “varón” una pelota y a la “mujer” una muñeca o elemento de limpieza y/o de cocina); en la negación de un padre ante el pedido de su hijo por tener una vestimenta de color rosa ya que es un color “de mujer”; en la observación permanente del niño y niña a que su padre permanezca ajeno a tareas domésticas que son “naturalmente” asignadas a la madre (preparar la mesa, la comida, limpieza de la casa, etc…); en las sanciones impuestas, fundamentalmente por las madres, a las hijas por no tener conductas propias de una “señorita” (preferir pantalón a la falda, propiciar un insulto, jugar a deportes “propios de varones”, etc…); el estímulo a la experiencia sexual prematura de los varones durante la adolescencia de forma proporcionalmente inversa a las mujeres, las cuales deben tener pareja estable y retardar la pérdida de la virginidad el mayor tiempo posible; entre otras. Todas son convenciones que, a pesar de ser muy discutidas y puestas en cuestionamiento desde la legislación y las nuevas formas de sociabilidad, están generalizadas.
Imágenes que bombardean (a través de la televisión, periódicos, revistas, radio, publicidad, etc…) nuestras mentes provocando efectos nocivos a nuestra sociedad pero produciendo y reproduciendo una superestructura como norma que beneficia y es funcional al interés del capital en un sentido amplio. Que la lógica capitalista se nutre de la sociedad patriarcal resulta difícil de cuestionar pero que éste tipo de injusticia social tiene sus orígenes en las relaciones sociales de producción capitalista que comenzaron en el s. XIII, es errado. La evidencia arqueológica y antropológica indica que los primeros seres humanos modernos (homo sapiens), desde hace unos 35.000 o 30.000 años antes del presente, formaron sociedades tanto matriarcales como patriarcales. En el caso de éstas últimas, el origen de la opresión del sexo masculino sobre el femenino (y la descendencia) se dio por la “división natural del trabajo” mientras que las desigualdades que dieron origen a la explotación se darán más adelante, durante la producción de excedentes y la apropiación de éstos por unos sobre el resto (donde siempre las mujeres asumieron un rol marginal y jerarquizado, estuviesen en la clase explotadora o explotada).
En ésta simple esquematización se pretende resaltar que el machismo, entendido como práctica cultural, política y económica en sentido dialéctico que reprime la potencialidad para actuar en todos los ámbitos de decisión de la vida social del sexo femenino ante una supuesta superioridad masculina, existió independientemente del modo de producción predominante (de los cuales el capitalismo es el que más profundizó dichas desigualdades e injusticias). No es el objetivo del presente ensayo proponer una alternativa política que derribe la sociedad patriarcal aunque estoy profundamente convencido de que la destrucción del régimen capitalista bajo una nueva forma de organización social resulta ser la alternativa principal para la destrucción del patriarcado, aunque la complejidad en torno a los medios y el cómo lograr la transición de un sistema de producción a otro es lo que generaría un trabajo de mayor extensión y complejidad que, por ahora, no me compete. Sin embargo, sí pretendo reflexionar en torno al empoderamiento del sexo masculino en la concientización de su rol para la liberación femenina y la de sí mismo.
¿Pero es que acaso el hombre sufre del patriarcado? Rotundamente sí.
Porque como afirma Ricard Ribera Llorens (2013) “los hombres no son ejecutores del machismo como una pieza de un engranaje, sino que también son víctimas, en tanto que el rol de género que se les atribuye amputa sensaciones, valores y comportamientos inherentes a la persona, a la vez que influye en la elección del modo de vida y en las prioridades”. Como se mencionó al principio, desde los primeros paso en nuestra familia llegando a la incorporación como ser social con capacidad productiva y reproductiva de recursos y de nuevos seres sociales, el sexo masculina padece de la construcción de estereotipos que “castran” la auténtica voluntad de su persona. Y no se trata aquí de establecer víctimas y victimarios de modo simplista y, por ende, errado; sino que se trata de complejizar los aparentes roles y posicionamientos que son socio-históricamente asignados a los sujetos y que los perjudican, en el sentido de que no permiten el desenvolvimiento de la auténtica identidad que puede autodefinir a las personas y entablar vínculos socio-afectivos más libres.
Las características básicas asignadas a la “forma de ser” y de actuar de un varón en una sociedad capitalista occidental es:
* La represión de sus sentimientos al mostrar una dureza infalible. No debe ni puede llorar.
* El hombre es el sustento material de la familia, quien trae el pan y le otorga una autoridad y prestigio de los que no dispone la mujer, la cual se ve a su vez privada de una remuneración.
* Supuestos que son sostenidos por una base pseudocientífica que descansa más en empirismo selectivo y reduccionista como que “el hombre tiene autoridad e inteligencia para desarrollar tareas de importancia”. Estos supuestos unidos a la anterior característica fue puesto a prueba con la participación masiva de la mujer en el sistema productivo de las naciones durante el siglo XX, aunque a pesar de ello se mantienen profundas desigualdades (en distribución desigual de ingresos o cargos jerárquicos por ejemplo).
* Se le atribuye el ámbito público, la capacidad de participar y decidir (para más información leer “Historia y critica de la opinión pública”, de Habermas).
* En el plano sexual, al hombre no se le suponen dudas, nervios o miedos, la potencia sexual cimenta el honor del macho. Se le educa para enfrentar las relaciones con las mujeres desde la superioridad, lo que en sí mismo denigra a la mujer pero también perjudica al hombre que no puede escoger relacionarse en igualdad. Su máxima expresión es la cosificación de la mujer, tomada como un objeto sexual al servicio del hombre, al que se le puede observar por su aspecto y no por ser una persona con inteligencia, sentimientos y sensaciones.
Éste estereotipo, con todas sus características, es cimentado con la reproducción que realizan los padres y, fundamentalmente, las madres. Carezco de instrumentos conceptuales de la psicología, que serían de gran utilidad para analizar el porqué del fuerte vínculo que se genera entre las madres y sus hijos varones. Pero lo que me interesa rescatar es que dicho vínculo es un amplio y fluido canal de transmisión de conductas patriarcales.
Muchos movimientos feministas marginan al sexo masculino de los debates y su accionar, fomentando el autoaislamiento y la constante redefinición de géneros, donde el sexo masculino suele estar al margen. Y esto afecta fundamentalmente al movimiento. Judith Butler (2007), en éste sentido, pone en duda a las «mujeres» como el sujeto del feminismo ya que “la aplicación no problemática de esa categoría puede tener como consecuencia que se descarte la opción de que el feminismo sea considerado una política de representación. Y aquí es donde el movimiento se encuentra en una gran contradicción ¿Qué sentido tiene ampliar la representación hacia sujetos que se construyen a través de la exclusión de quienes no cumplen las exigencias normativas tácitas del sujeto? ¿Qué relaciones de dominación y exclusión se establecen de manera involuntaria cuando la representación se convierte en el único interés de la política? La identidad del sujeto feminista no debería ser la base de la política feminista si se asume que la formación del sujeto se produce dentro de un campo de poder que desaparece invariablemente mediante la afirmación de ese fundamento. Tal vez, paradójicamente, se demuestre que la «representación» tendrá sentido para el feminismo únicamente cuando el sujeto de las «mujeres» no se dé por sentado en ningún aspecto” (Butler, 2007:53).
Sujetos, sexo y género son redefinidos por la autora dando espacio a un debate discursivo diferente, donde quienes deben, pueden o tienen prohibido participar o ser representados ya no depende de una condición culturalmente construida como género (gay, lesbianas, travestis, transexuales, etc…) ni naturalmente asignada como sexo (hombre, mujer).
La crítica feminista debe explicar las afirmaciones totalizadoras de una economía significante masculinista, pero también debe ser autocrítica respecto de las acciones totalizadoras del feminismo. El empeño por describir al enemigo como una forma singular es un discurso invertido que imita la estrategia del dominador sin ponerla en duda, en vez de proporcionar una serie de términos diferente. El primer paso para lograr una unidad de coaliciones de diversas identidades (genero/s) es precisamente poner en tela de juicio las relaciones de poder que determinan y restringen las posibilidades dialógicas (Butler, 2007: 68).
Ante esto, es fundamental que el sexo masculino participe de la formación de una nueva identidad, de una emancipación cultural. En este sentido es significativamente importante la participación organizada del sexo masculino en los movimientos colectivos y político ya que necesita empoderarse y no ser un agente pasivo frente a la acción de otros géneros.

La lucha se realiza con la organización popular y esto requiere romper barreras de opresión interna de la clase dominada. Mientras más personas se apropien de las relaciones sociales de producción y reproducción diferentes a las dominantes, más capacidad de ruptura del sistema tendrá el movimiento. Los reclamos que Wittig realiza para la destrucción del «sexo» en función de la aceptación de las mujeres de la posición de un sujeto universal (Butler, 2007: 72), tiene aquí gran resonancia. Sin embargo las prácticas misóginas de los sujetos (independientemente del género con el que se identifique) se expresan a través de un lenguaje concreto que se “hace piel”. Corresponde a todos/as ser parte del colectivo combativo en contra de la opresión, incluso los opresores ya que es la única forma de desterrar formas de relación y producción perjudiciales para la aceptación de las identidades de cada persona.
En palabras de Wittig, “… el lenguaje de la sociedad patriarcal (…) herramienta para subordinar y excluir a las mujeres (…), es «otro orden de materialidad», institución que puede modificarse de manera radical. El lenguaje es una de las prácticas e instituciones concretas y contingentes mantenidas por la elección de los individuos y, por lo tanto, debilitadas por las acciones colectivas de los individuos que eligen”. (Butler, 2007: 87).
Bibliografía:
-Butler, Judith. 1990: “El género en disputa. El feminismo y la subversión de la identidad”. Editorial Paidos. Buenos Aires, Argentina.
-Ciriza, Alejandra. 2003: “Herencias y encrucijadas feministas: las relaciones entre teoría(s) y política(s) bajo el capitalismo global”. En publicación: Filosofía política contemporánea. Controversias sobre civilización, imperio y ciudadanía. Atilio A. Borón. CLACSO, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina.
-Ribera Llorens, Ricard. 2013: “El feminismo y el hombre nuevo”. Artículo en línea (http://blogs.publico.es/otrasmiradas/599/el-feminismo-y-el-hombre-nuevo/).
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[1] Entendida como núcleo básico y primigenio de la sociedad donde se garantiza la protección, el alimento y el fortalecimiento de lazos sociales y emocionales del ser humano durante la etapa formativa del individuo desde el punto de vista biológico y social. La composición y estructuración familiar o el vínculo biológico no resulta significante en esta noción de familia.
[2] Será recurrente a lo largo del trabajo la alusión al género masculino heterosexual con sinónimos como varón, hombre o sexo masculino. Sin embargo se reconoce cierta contradicción de los conceptos con el desarrollo argumentativo a lo largo del ensayo (dicha elección responde a motivos pragmáticos en función del tiempo, extensión y características del mismo).

 

Marx

Marcela Rodriguez Zuñiga – Intercambio (filosofía) – Colombia

El semininario ¨Feminismo y marxismo, diálogos y controversias¨ trato de manera extensa las problemáticas feministas, que son de gran incumbencia en la actualidad. Ahora bien, por qué discuten las feministas? Por qué son ¨las¨ feministas? Y no ¨los¨ feministas? El feminismo es un problema filosófico que incumbe solo a las mujeres? Son preguntas que aun quedan presentes en la discusión. El feminismo es un tema actual de incumbencia filosófica, pero será un problema filosófico autentico? Esto aun no lo sé, sin embargo, creo que la filosofía ha fallado en su razonar, pues muchos sistemas filosóficos dan cuenta de la vida del ser humano, de la concepción antropológica que se tiene sobre el ser humano desde la antigüedad hasta la contemporaneidad, podemos pasar por la igualdad del hombre en Bartolomé de las casas, por el individuo formado de Hegel, por una razón libre y autónoma en Kant, por la libertad esencial de Sartre, la virtud aristotélica, y así en diversos autores, sin embargo, creo que ha fallado porque en estos tiempos contemporáneos las mujeres toman parte de la discusión filosófica proponiendo nuevos temas en relación al genero, al cuerpo, etc… por qué surgen estas mujeres? Creo yo que surgen por la fallida tarea filosófica de no haber dado cuenta antes de que el ser humano alberga diversidad de problemas filosóficos en relación, no solo al hombre y su deseo de dominación, sino también a la mujer y su diversidad de deseos.

El seminario se planteaba un dialogo entre el feminismo y el marxismo, sin embargo, creo necesario abarcar de una forma mas extensa quien es Marx y cuales eran sus preguntas filosóficas.

Karl Marx es categorizado por Paul Ricoer, como un pensador de la sospecha. ¿De qué sospechan esta clase de pensadores?, para responder a la anterior pregunta es necesario recordar que, la modernidad (XVII) se caracterizó por su relación entre el hombre y el mundo o la naturaleza, de forma que, las preguntas en esta época eran respecto a las cosas del mundo, por lo que el paradigma se centraba en conocer, ordenar, establecer leyes, dominar la naturaleza, etc… para encontrar ¨la verdad¨. En esta época filosófica se dudaba en general del mundo. Sin embargo, en el tránsito de la historia se da un giro en el que, lo que hay al otro lado del sujeto moderno que conoce, no es solo el mundo y la naturaleza, sino otros sujetos o seres humanos. De forma que, el paradigma comienza a transformarse de un querer dominar a la naturaleza para querer dominar al otro.

Sobre este nuevo paradigma es que surgen los pensadores de la sospecha, en donde, si bien, ninguno de ellos renuncia al sujeto, pues éste sigue estando presente en su reflexión, es mas, el sujeto es el centro de su reflexión, si dejan de lado la duda por la cosa, para centrarse en la duda sobre la conciencia. A los pensadores de la sospecha se les reconoce por hacer una crítica inmanente a la modernidad, o sea, por hacer una crítica desde el momento mismo donde acontece la modernidad, pues estos pensadores vivieron dicho tiempo.

Ahora bien, los pensadores de la sospecha comienzan a realizar reflexiones sobre la

trasparencia de la conciencia, sospechando sobre el conocimiento que tenemos sobre la realidad. La hipótesis de estos pensadores radicaba a grandes rasgos en que dicho conocimiento no es trasparente, sino que esta mediado por algo. Hay un velo que no nos permite ver las cosas como son realmente. Hay algo entre el sujeto y la realidad o mundo.

Karl Marx, vivió la era de la revolución industrial y con ella, se delata la sospecha de su reflexión, pues para Marx lo que media entre el sujeto y la naturaleza es el trabajo. Aunque en otras épocas el hombre ha trabajado, pues existieron artesanos, recolectores, cazadores; con la revolución industrial, la forma de trabajo se organiza de un modo distinto, pues el trabajo era libre y consiente o alienado. Se encuentra entonces en los textos de Marx una crítica a lo social, o mas bien, una crítica al análisis social que realizaban la economía política de la época (SMITH – RICARDO). Se puede ver entonces con Marx un análisis sobre la economía política clásica, en donde, entre el hombre y la naturaleza, hay una relación de producción, que es natural, pues el hombre necesita a la naturaleza para producir lo que necesita y satisfacer sus necesidades. Aunque ese satisfacer necesidades con la economía política clásica necesitaba de otras 3 etapas posteriores a la producción que eran, la circulación – el intercambio – el consumo.

La economía política clásica consideraba que los problemas sociales de la época en relación a la economía circundaban en el espectro de las 3 etapas posteriores a la producción, de modo que, para garantizar una distribución mas igualitaria y solucionar problemas de injustica social, dichas etapas debían ser modificadas. Sin embargo, para Marx el problema y su posterior solución no se encontraban en las 3 etapas posteriores a la producción, sino en la producción misma, pues en esta aparece la alienación. Y esto en razón de que, en la producción ya hay implícito todo un mecanismo de consumo, intercambio y trabajo. Lo que implica que, la producción ya no sea una relación natural (como lo entendía la economía clásica) sino que es histórica y por tanto, cambia con el tiempo1. Es en dicha producción donde residen los problemas sociales para Marx.

Para Marx, el trabajo es lo propio del hombre, es en el trabajo donde el hombre ha de realizarse, o en palabras de Marx, el trabajo es la actividad específica del hombre. El trabajo debe ser para todos los hombres una manifestación de su personalidad (pág.103). Por lo que, encuentra Marx en esta concepción del trabajo, una de las críticas a la economía política de la época, pues ésta no tenia en cuenta la relación directa entre el obrero y la producción, sino que concebía que para el obrero, el trabajo era solo un medio de subsistencia, y no su personalidad. Es en la concepción que tiene la economía política de la época sobre el trabajo, que Marx funda sus críticas.

Las consecuencias de que la economía política de la época concibiera al trabajo solo como un medio de subsistencia y por tanto como una actividad alienada, es decir(1), antes del modo de producción capitalista, existía el recolector, cazador, feudalista,etc… fuera del hombre, es que se de la alienación en el objeto, en el trabajo, en el ser genérico y de la naturaleza como cuerpo inorgánico, y en el hombre mismo.

A continuación, evidenciaré estas consecuencias que evidencia Marx en sus críticas a la economía política de la época. La alienación en el objeto, significa que ¨…el objeto que el trabajo [del obrero] produce, su producto, lo enfrenta como un ser extraño…¨(pág. 101). De forma que, siendo el obrero quien produce un objeto (que será intercambiado y producirá riqueza), y por tanto, al ser su productor se pensaría que el objeto le pertenece, la alienación es precisamente que, aún produciendo el objeto, éste no le pertenece, y se torna extraño al obrero que lo produjo, pues el producto se concibe solo en razón a su valor de cambio. En donde, el producto no valdrá entonces por el trabajo del obrero, sino por su valor frente a otros productos en el mercado. El producto se vuelve independiente del obrero, corta sus lazos con el obrero. El producto vale dentro del mercado por su valor de cambio, sus equivalencias o excesos frente a otros productos, y no por la labor del obrero.

Marx encuentra también una alienación en el trabajo, es decir, un desapropiamiento

del trabajo. Como se mencionaba anteriormente, el trabajo es la actividad del hombre, pero con el capitalismo, los obreros trabajan no ¨…para satisfacer una necesidad, sino solo un medio de satisfacer algunas necesidades al margen del trabajo.¨ (pág. 104), entonces, el trabajo es reducido a cantidades, es decir, horas de trabajo, número de objetos producidos. Y se convierte el trabajo en una mercancía misma. Lo que implica que, no trabajan para ellos mismos, para sus necesidades, sino que, su trabajo pertenece a otro; otro que habrá de comercializar su trabajo, y por tanto, se pasa de que el trabajo sea la actividad propia del hombre, su realización, lo suyo propio, a ser una perdida de sí mismo, pues ya no es suyo, sino de otro. La consecuencia inmediata de esto, es que el hombre se sentirá libre fuera del trabajo y no dentro de éste. Éste será concebido como el lugar de sacrificios, el lugar donde se esta forzado. La alienación en el ser genérico por otro lado significa que, siendo la naturaleza laque nos proporciona la vida y la subsistencia, ella es nuestra propia vida. De modo que, si perdemos de vista que la naturaleza es nuestro propio cuerpo (inorgánico) entonces, estamos perdiendo nuestra propia vida y por ende, nuestra subsistencia.Además, en esta alienación se encuentra que, el sujeto deja de ver al otro como un congénere suyo, y solo le ve como un competidor, pues será alguien que podría quitarme el trabajo.

En la alienación del hombre por el hombre, se encuentra que todo aquello que no le pertenece al trabajador, entonces le pertenecerá a otro, y ese otro es otro hombre. Otro hombre que no será trabajador, sino el propietario de los medios de producción. Que ejercerá dominio, coerción y yugo sobre el obrero.

En Marx el trabajo es piedra fundamental para su filosofía, de modo que es necesario aclarar dos términos diferentes sobre el trabajo, a saber, trabajo libre y consciente y trabajo enajenado. De modo que, indica Marx que todo animal y todo hombre se identifica directamente con su actividad vital. El animal y el hombre son su actividad. Ahora bien, la actividad vital del hombre es el trabajo. Continua Marx expresando que, el hombre hace de su actividad vital o sea, su trabajo, el objeto de su voluntad y de su conciencia, por lo que, el trabajo es libre en tanto que, la voluntad del hombre esta dada sobre el trabajo; trabajo que realiza objetos, resultando entonces que el trabajador se reconocerá (objeto de su voluntad) en el objeto producido, dicho objeto le pertenece. Por el contrario, cuando el trabajo es alienado, es porque, el hombre hace de su actividad vital, o sea su trabajo, solo un medio para su existencia, y ya no, su existencia misma.

Esta división enmarca y da cuenta de un factor de gran influencia en la manera deexistir del hombre que es la propiedad privada. Propiedad privada que es el origen de formas de vida como el capitalismo y la antítesis del comunismo. La propiedad privada como lo indica Marx es el resultado, la necesaria consecuencia del trabajo alienado, de la relación exterior del obrero con la naturaleza y consigo mismo. Se tiene entonces a la propiedad privada como la evidencia de un hombre desapropiado de sí mismo, de un hombre extraño de lo que es él, de una vida que ya no le pertenece y que por tanto se vuelve extraña. Ahora bien, es importante aclarar que para Marx, la propiedad privada, que vuelve al hombre extraño de sí mismo, tiene un origen histórico, pues surgió de la alienación del trabajo, lo que significa que, al ser un momento histórico, éste habrá de pasar en algún momento y por ende, será superado para llegar a un estado diferente, en donde la propiedad privada no sea ya existente, sino que se de la propiedad común, y esto a razón de las luchas entre obrero y propietario, pues son las contradicciones y antagonismos los que movilizan la historia, para dar paso a un nuevo tiempo.

BIBLIOGRAFIA

MARX, Carlos. Manuscritos de 1844, economía política y filosófica. Edit: Cartago:

Buenos aires. 1984.

Feminismo de la diferencia. Desde la perspectiva de Luce Irigaray.

Martinez, Vanesa.
Maturano, Carla.

El feminismo francés de la diferencia parte de la constatación de la mujer como lo absolutamente otro. Instalado en dicha otredad, pero tomando prestada la herramienta del psicoanálisis, utiliza la exploración del inconsciente como medio privilegiado de reconstrucción de una identidad propia, exclusivamente femenina. Entre sus representantes destacan Annie Leclerc, Hélène Cixous y, sobre todo, Luce Irigaray. El grupo “Psychanalyse et Politique” surgió en los setenta y es un referente ineludible del feminismo francés. Desde el mismo se criticaba duramente al feminismo igualitario por considerar que es reformista, asimila las mujeres a los varones y, en última instancia, no logra salir del paradigma de dominación masculina. Sus partidarias protagonizaron duros enfrentamientos con el “feminismo”, algunos tan llamativos como asistir a manifestaciones con pancartas de “Fuera el feminismo”, e incluso acudieron a los Tribunales reivindicando su carácter de legítimas representantes del movimiento de liberación de la mujer.
En los textos de Luce Irrigaría vamos a apoyarnos, quien propone en su libro ética de la diferencia sexual, la necesidad de una ética cósmica en donde la libertad de los sexos se sostiene a partir del reconocimiento y el respeto de la diferencia.
La diferencia viene ahora a revalidar lo-otro, la alteridad entendida como lo no-idéntico, que cuestiona toda posibilidad de identidad. Cabe indicar aquí al menos que la diferencia viene a convertirse en el reverso postmoderno de la identidad, esa ficción del sujeto de la modernidad que ha muerto. En el sentido de diferir, que también forma parte de las raíces de la diferencia: lo que es no es lo mismo es, a la vez, lo que se retarda o lo que se retrasa.
Esta diferencia viene ahora a tomar cuerpo como lo femenino y, así, lo femenino pasa a ser la diferencia por excelencia: se trata de lo que siempre ha estado excéntrico al logos, que ha quedado en los márgenes de la razón constituyente desde la modernidad, algo que viene a encarnar ese lo otro del orden del logos, que es así entendido a la vez como orden fálico. En suma, lo femenino viene a instituirse como la diferencia por relación al orden logo-falo-céntrico que, en particular desde la razón moderna constituyente, ha venido a diseñar el universo simbólico predominante.

En realidad, lo que Irigaray viene a plantearse es:¿Cómo administrar el mundo en cuanto mujeres si no hemos definido nuestra identidad ni las reglas que conciernen a nuestras relaciones genealógicas, ni nuestro orden social, lingüístico y cultural?.
Estas líneas han de mostrarnos de inmediato el punto de vista desde el que empieza su reflexión feminista; y éste no es otro que el que se quiere desde cero, es decir, el que entiende que cuanto hasta ahora se ha hecho en el terreno de las reclamaciones feministas resulta simplemente obviable: En el contexto de esta crítica de la modernidad y de los ideales ilustrados, estima que los derroteros del feminismo son errados: con su planteamiento igualitarista, las feministas “corren el peligro de estar trabajando por la destrucción de las mujeres; más generalmente, de todos sus valores”.
La afirmación de que hombres y mujeres están igualados o en vías de estarlo, se ha convertido prácticamente en un nuevo opio popular desde hace poco. Hombres y mujeres no son iguales, y orientar el progreso en este sentido parece problemático e ilusorio. El igualitarismo consagra a veces demasiada energía al rechazo de ciertos valores positivos y a la persecución de quimeras. Lógicamente, cabe deducir de esta última afirmación que un pensamiento no igualitarista, es decir, un pensamiento de la diferencia sexual será el único camino para que las mujeres cejen por fin, tras más de tres siglos de feminismo, de perseguir quimeras.

Speculum plantea el cuerpo femenino como el lugar de la diferencia: El cuerpo femenino servirá, pues, de núcleo para un nuevo discurso que se oponga al discurso patriarcal y, en conexión con él, situará al placer de la mujer, que es la mayor amenaza para el discurso masculino puesto que representaría su irreductible “exterioridad”. El placer femenino escapa a todas las dicotomías del pensamiento binario logocéntrico; tampoco tiene cabida dentro del falocentrismo patriarcal, ni siquiera puede pensarse desde la lógica especular.
Se configuraba su identidad desde las – presuntas– características de su sexo:“tota mulier est in utero”, por lo que las desigualdades de las mujeres se hundían en las raíces biológicas, la capacidad reproductiva. Atribuyendo supuestas cualidades positivas, como la no violencia, la suavidad y dulzura, resaltando la relación de la mujer con la naturaleza en oposición al mundo de la cultura masculina.
Con respecto a esto Judith Butler señala que la noción de naturaleza no es descriptiva. Nosotros creemos que lo es, pero se trata para Butler de una noción prescriptiva. La “naturaleza” prescribe, ordena, genera disciplinamiento. La noción de naturaleza va siempre de la mano de lo “no natural” (su contracara), lo contrario de la naturaleza. Pensemos en una mujer que tiene un bebé y lo abandona. Aparece un titular:
“Madre desnaturalizada abandonó a su hijo en un umbral” (o en un basurero o donde sea). Si uno lee la expresión “madre desnaturalizada” está suponiendo que la naturaleza prescribe unas normas que no se están cumpliendo. Cuando se dice “des-naturalizada” se dice “contrario a la naturaleza”. Con esto se advierte que la noción de naturaleza que habitualmente usamos es una noción que tiene una fuerte carga valorativa, de mandatos -generalmente cristianos- occidentales centrados en deberes. Esto hace que ni sea un término descriptivo ni neutro, sino un término fuertemente disciplinatorio -como de contrabando o a escondidas- que implica censura.
Retomando a Luce Irigaray afirma que ahora habría que decir que “toda mujer esta en los labios”. Asociándolo a la morfología de los labios genitales, planteada como metáfora que permite reclamar un hablar-mujer.
El parler-femme, en tanto descripción del sexo femenino, viene a convertirse también en prescripción de un hablar que es el hablar mismo de la diferencia. Así leemos: “Ella” es indefinidamente otra en sí misma. Esa es indudablemente la razón de que se le denomine temperamental, incomprensible, perturbada, caprichosa– por no mencionar su lenguaje, en el que “ella” se evade en todas las direcciones y en el que “él” es incapaz de discernir la coherencia de todo significado. Las palabras contradictorias parecen un poco locas para la lógica de la razón e inaudibles para el que escucha con cuadrículas ya preparadas, un código preparado de antemano. En sus afirmaciones – al menos cuando ella se atreve a expresarse– la mujer se retoca constantemente. Ella meramente separa de sí misma cierto parloteo, una exclamación, un secreto a medias, una frase dejada en suspenso –cuando vuelve a ello, es sólo para empezar otra vez desde otro punto de placer o de dolor. Hay que escucharla de manera diferente para oír un “otro significado” que está constantemente en el proceso de entretejerse, al mismo tiempo abrazando incesantemente las palabras y, aun así, desechándolas para impedir que se conviertan en algo fijo, inmovilizado. Porque cuando “ella” dice algo, ya no es idéntico a lo que ella quiere decir. Y, aún más, sus afirmaciones nunca son idénticas a nada. Su rasgo distintivo es un rasgo de contigüidad.

¿Por qué mientras la mayoría habla de la igualdad, Irigaray habla de la diferencia? Primero, porque continuamente hay una confusión entre igualdad y equivalencia de los derechos. Segundo, devenir igual significa frecuentemente abolir su identidad. Más profundamente, yo diría que el mal de nuestra época viene sobre todo de una pérdida de la autonomía personal, resultante de una falta de cultura de la vida como tal, que hace que difícilmente nos encontremos el uno frente al otro. El Otro se convierte en un padre o un niño, en un amo o un esclavo, un superior o un inferior, una cosa o un verdugo. La relación de reconocimiento y de reciprocidad es rara. ¿No es allí donde se encuentra el mayor bien? El problema de la igualdad entre los individuos, particularmente entre los sexos, no puede resolver la cuestión: la igualdad se evalúa en función de algo en común que posee más o menos cada uno, lo que entraña relaciones de competición agresiva. No hay cuestionamiento entonces respecto al amor y la reciprocidad de las personas. Esto no puede ocurrir más que dentro del respeto de las diferencias, cuando el otro es reconocido por lo que es, en un deseo, una alianza y un entrelazamiento de las cualidades propias de cada uno o una.

“Feminismo y Marxismo.

Diálogos y controversias” dictado en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, el 24, 25 y 26 de junio de 2013.

Cantoro, Carla.

García, Sayi.

Ruiz, Marina.

A pesar de todos los avances legislativos (en materia de género y de

la mujer) desde el 2003 en adelante (ley de educación sexual; la ley

de trata de personas, que endurece las penas por la misma;

asignación universal por hijo y por embarazo a partir de las 12

semanas de gestación; matrimonio igualitario; ley de identidad de

género; ley de femicidio; el régimen de empleadas domesticas, que

son blanqueadas a través de la ley de contrato de trabajo en la AFIP;

fertilización asistida; alquiler de vientres), vemos que hay una

problemática muy importante que se está dejando de lado (y que no

será tratada por este gobierno, en palabras de Cristina). Estamos

hablando del aborto legal, seguro y gratuito.

Actualmente en Argentina, el aborto está prohibido, es considerado un crimen y es penalizado, excepto en dos casos: 1-si el embarazo

representa un peligro para la vida de la madre y no hay otra solución y 2- si el embarazo es producto de una violación a una mujer con

discapacidad.

El hecho de que esto sea así, creemos que es debido a varios factores. El peso que tiene la moral católica en la sociedad argentina no se puede negar. Esta sostiene a la monogamia heterosexual como única forma de relación entre una pareja y la posterior conformación de una familia nuclear (padre, madre, hijos). En esta, la mujer tiene un rol subordinado al hombre (es la que se encarga de las tareas del hogar y de la crianza de los niños), mientras que el hombre es el que debe salir a trabajar para abastecer a la familia. Incluso cuando la mujertrabaja, “es ella la que se debe ocupar” de las cosas de la casa

(cocinar, lavar, planchar, etc.)

Además, esta moral, impone la idea absurda de que las relaciones sexuales deban ser solo para la procreación de hijos, provocando la represión sexual, la falta de educación e información sexual, el difícil acceso a métodos anticonceptivos, etc. Esto trae aparejado, entre otras cosas, embarazos no deseados, que terminan, desgraciadamente, con la muerte de casi 100 de mujeres por año en nuestro país, por abortos clandestinos (según cifras oficiales (1)). Se estima que hay alrededor de 500.000 abortos clandestinos por año en la Argentina (casi un 40% de los embarazos totales). (2)

En esta moral se percibe el rol de la mujer solo como “madre”, que cumple un rol doméstico y de crianza de los hijos, subordinándose al “mandato” divino de mujer inferior, débil, denigrada y oprimida. Es evidente en los principios de la historia bíblica, cómo la figura de Eva (que nace de la costilla de Adán) es quien lleva al hombre a pecar. Actualmente esta “culpabilización” sigue existiendo cuando se responsabiliza a las mujeres, de las distintas formas de abuso (principalmente sexual) que sufren. Por ejemplo, cuando se la culpa de “provocar” al hombre que ha abusado de ella; o cuando debe cargar con toda la culpa por un embarazo no deseado, cuando es clara la mutua responsabilidad (del hombre y la mujer)

Es importante destacar la estrecha relación entre el Estado y la iglesia, que sigue reproduciendo estas normas y valores católicos, y favoreciendo este tipo de violencia y opresión, en particular hacia las mujeres. Por decirlo de alguna manera, el Estado y la Iglesia, se “rascan la espalda mutuamente”. La iglesia brindando “apoyo y contención” a la gente más pobre, tratando de tapar el problema de fondo, y al cual el Estado debiera rendirle cuentas. Y el Estado otorgando subsidios, exenciones de pago de impuestos a la iglesia, etc. para fomentarla.

La actual coyuntura, en la que el Papa es argentino, produce una exacerbación de estos valores y un retroceso de las conquistas de los derechos de las mujeres. Se hace mucho más difícil llevar a cabo la lucha por la legalización del aborto, por ejemplo. A pesar de esto, la lucha continua. Se ve plenamente reflejada en la organización y la reiterada presentación del proyecto de ley de legalización/despenalización de aborto en Argentina. Este contempla, entre otros, los siguientes aspectos que consideramos principales:

Toda mujer tiene derecho a decidir la interrupción voluntaria de su embarazo durante las primeras doce semanas del embarazo; toda mujer tiene derecho a acceder a la realización de la práctica del aborto en los servicios del sistema de salud; fuera de las primeras doce semanas de gestación, toda mujer tiene derecho a decidir la interrupción del embarazo: si el embarazo fuera producto de una violación, si estuviera en riesgo la salud o la vida de la mujer o si existieran malformaciones fetales graves; los/as médicos/as tienen derecho a decidir si quieren o no realizar dichas prácticas; y se tiene en cuenta la situación de menores y personas con discapacidad mental declarada.

Sostenemos que para revertir esta situación “es fundamental la educación sexual para decidir, los anticonceptivos para no abortar y el aborto legal para no morir”. Creemos que cada mujer tiene derecho a decidir sobre su propio cuerpo (no debemos permitir que la Iglesia se siga imponiendo sobre nuestras vidas). Sin embargo entendemos que la promulgación de una ley o cuerpo de leyes es solo una solución temporal y parcial, ya que no termina con la opresión y la explotación de la mujer. Para que ésta se realice completamente, es necesario cambiar el sistema en el cual unos pocos son explotadores, y la gran mayoría explotados.

1. Según el Ministerio de Salud, el aborto constituye la principal

causa de muerte de mujeres embarazadas.

2. Marcelo Guz, jefe de Maternidad del Hospital Álvarez, señaló

a LA NACIÓN

Victoria Pasero- Seminario Marxismo y feminismo

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